La transformación de los cultivos oleaginosos se intensifica impulsada por la crisis del petróleo

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El encarecimiento del crudo y las dificultades logísticas para el transporte de fertilizantes sitúan a la agricultura como un pilar fundamental en la transición energética, redefiniendo el panorama de los cultivos. Esta evolución ya en curso se ve ahora catalizada por la crisis petrolera, evidenciando un cambio drástico en la demanda agrícola.

La fluctuación del precio del barril de petróleo, que ha rebasado los 110 dólares, y la vulnerabilidad de las rutas marítimas esenciales para el suministro de carburantes y abonos, han posicionado al sector agrícola como el principal motor en la sustitución de las energías fósiles, transformando significativamente el esquema de siembras. Oleaginosas como la colza, carinata, camelina y girasol están ganando terreno, con una demanda creciente para la producción de combustibles.

Diariamente, infraestructuras petroleras como pozos, refinerías y buques cisterna son blanco de ataques, extendiéndose más allá de Oriente Medio. Ucrania, por su parte, busca restringir las exportaciones rusas. Imágenes de drones de bajo costo (inferiores a US$ 10.000) provocando daños multimillonarios, con sus consecuentes explosiones y columnas de humo oscuro, se han vuelto recurrentes. En este contexto, las modificaciones preexistentes en la agricultura se aceleran.

Este fenómeno no es reciente. El cambio climático ha impulsado modificaciones drásticas, como el compromiso de las compañías aéreas de reemplazar los combustibles fósiles por biodiésel en un 1% anual desde 2020, lo que implica una demanda considerable de aceites. La autonomía energética, o al menos la disminución de la dependencia de los hidrocarburos y sus recurrentes oscilaciones de precios, ha escalado posiciones, convirtiéndose en un factor de demanda agrícola de creciente relevancia. El uso de biodiésel para la aviación y otros medios de transporte genera un incremento en la demanda significativamente superior al de los mercados de consumo humano como el trigo y el arroz.

**Un mundo con menos trigo**
En las próximas semanas, se llevará a cabo la siembra de los cultivos de invierno. A medida que las máquinas sembradoras se preparan para iniciar sus labores, se anticipa una reducción en la superficie destinada al trigo y un incremento en la de colza durante la campaña invernal. El trigo, con su elevada necesidad de nitrógeno, es el cultivo con mayor vulnerabilidad; si bien sus precios podrían repuntar ante una disminución de la oferta, actualmente no garantizan un margen de rentabilidad favorable. Las proyecciones recientes del Departamento de Agricultura de EE. UU. (USDA) indican que la siembra de cereales en el país sería la menor en más de un siglo, desde 1919. La incidencia del costo de los fertilizantes provocará una disminución del área cultivada globalmente, y la incógnita es cuándo los precios del trigo experimentarán un alza considerable.

Paralelamente, el gobierno estadounidense materializó un incremento en el uso de biocombustibles, largamente anticipado, lo que representa un significativo impulso a la demanda. El 27 de marzo, la Agencia de Protección Ambiental de EE. UU. ratificó la Norma de Combustibles Renovables para 2026 y 2027, elevando el requerimiento de biodiésel para mezcla en 2026 a 6.300 millones de galones. Es preciso señalar que en 2025 el volumen utilizado fue de 3.350 millones de galones, equivalentes a aproximadamente 24 mil millones de litros de biodiésel. Cabe destacar que la decisión gubernamental excedió considerablemente las expectativas de las empresas privadas de biodiésel, implicando casi la duplicación de su empleo en EE. UU.

Este anuncio oficial cuantificó el respaldo económico para los agricultores: “Se estima que estos volúmenes sin precedentes elevarán los ingresos netos de las explotaciones agrícolas entre US$ 3.000 y US$ 4.000 millones. Para 2026, la Norma de Combustibles Renovables generará un valor de US$ 31.000 millones para el maíz y el aceite de soja de EE. UU. destinados a biocombustibles, superando en US$ 2.000 millones la cifra de 2025. Nuestros productores agrícolas están asumiendo un rol protagónico para afianzar el liderazgo energético del país”.

No obstante, la reacción de los mercados fue moderada, con una subida limitada en las cotizaciones de la soja. La vasta cosecha brasileña, ya recolectada en un 90%, continúa ejerciendo presión sobre el mercado. Aunque el aceite impulsa el proceso de molienda, esto conlleva una tendencia a la baja en el precio de la harina de soja. Además, el contenido oleaginoso de la soja es de apenas el 20%. En consecuencia, la transformación hacia los aceites tiene un mayor efecto en aquellos cultivos donde Brasil no es un actor principal y que poseen un porcentaje oleaginoso más elevado en su composición.

**El contexto**
Mientras el valor de la soja en EE. UU. permanece estancado por debajo de los US$ 400 por tonelada, la colza se afianza por encima de los US$ 500, y el girasol de alto contenido graso ha alcanzado los US$ 600. Es el momento idóneo para la siembra.

**La revolución de los aceites en Uruguay**
Cultivos como la colza, carinata, camelina y girasol están aumentando su superficie en Uruguay. El país ha sabido aprovechar este segmento oleaginoso, impulsando la colza desde hace más de una década, lo que ha diversificado las rotaciones invernales. Se proyecta un nuevo récord de superficie sembrada para las brasicáceas en 2026, potencialmente superando las 348 mil hectáreas de 2022 y llegando a las 350 mil hectáreas. Esto mantiene la marcada tendencia alcista del año previo y lleva al límite la alternancia entre gramíneas y crucíferas en las rotaciones agrícolas.

Además del factor demanda y precios, existe un componente de costos relevante. La cantidad de fertilizantes requerida para producir cinco toneladas de trigo o cebada es superior a la necesaria para obtener dos toneladas de colza. Asimismo, la repercusión de los fletes en el costo de la cosecha es considerablemente menor. La fabricación de fertilizantes nitrogenados, crucial para la mayoría de los cultivos, depende del gas natural. Es improbable que sus precios disminuyan durante el semestre en curso, lo que exige una decisión de siembra inmediata.

Frente a este panorama de demanda, resulta fundamental priorizar al máximo las oleaginosas en la rotación agronómica y considerar las leguminosas, que contribuyen con nitrógeno de forma natural, disminuyendo así la dependencia de fertilizantes sintéticos.

En este marco, causó extrañeza que durante la Expoactiva no se presentara un programa para la carinata, el cultivo que registró el mejor precio el año anterior, aunque se espera su difusión en los próximos días. Previo a la exposición, una convocatoria centrada en las oleaginosas de invierno reunió a cientos de agricultores deseosos de informarse sobre el esquema de siembra para este año. Una expectativa similar existe para la próxima campaña de girasol. La ceremonia de inicio de la cosecha organizada por Copagran también congregó a numerosos productores, quienes, particularmente en la zona al norte del río Negro, alcanzaron excelentes rendimientos productivos y económicos con este cultivo.

**EE. UU.: más soja y menos maíz**
Esta semana también se reveló la orientación de los agricultores de EE. UU. que inician su siembra estival. Como era previsible, la superficie dedicada al maíz disminuirá mientras que la de soja aumentará, si bien la magnitud de este cambio fue inferior a las proyecciones del mercado. Los productores sumarán 1,4 millones de hectáreas de soja, beneficiándose de menores costos de fertilización, y reducirán una superficie equivalente de maíz. Los mandatos de etanol no generaron un estímulo tan pronunciado como los vinculados al aceite.

Así, a la ya récord acumulación de existencias mundiales de soja, se añade un incremento de la superficie cultivada en Estados Unidos, sumado a la gran cosecha brasileña. De esta manera, las oleaginosas de invierno gozan de una mínima competencia por parte de Brasil y Estados Unidos, operando en un mercado de futuros cuya estabilidad no se ve alterada por las fluctuaciones causadas por mensajes en redes sociales. Precios no solo más elevados, sino también considerablemente más estables. Aunque la transformación en el ámbito de los aceites ya estaba en marcha, el conflicto actual ha servido para intensificarla aún más.

**Australia e Indonesia: del campo al tanque**
Australia enfrenta una coyuntura crítica. Con reservas de combustible para la aviación que apenas alcanzan para 30 días, el país considera una propuesta audaz: retener el 80% de su colza (6 millones de toneladas proyectadas para 2025/26) para procesarla internamente en lugar de exportarla a Europa. Su procesamiento local podría cubrir el 12% del consumo de combustible aéreo nacional, asegurando la conectividad y disminuyendo las emisiones en un 50%. La situación es tan apremiante que, en el sur del país, el transporte público se ha implementado de forma gratuita para desestimular el uso de vehículos privados frente a la escasez.

Indonesia, por su lado, ha generado un impacto en el mercado de aceites vegetales. El presidente Prabowo Subianto ratificó que en el presente año se implementará el mandato B50 (un 50% de aceite de palma en el diésel), con el fin de economizar en la adquisición de crudo. Sin embargo, esto plantea el reto técnico de edificar cinco nuevas plantas de procesamiento para gestionar los 3 millones de toneladas adicionales de aceite que dejarán de exportarse a nivel global.

Fuente: Enlace Original

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